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La malaria está dando un nuevo revés
a la comunidad científica. Sin ninguna vacuna eficaz que la combata
y con cerca de 400 millones de personas enfermas en los países
pobres, los médicos ven ahora cómo un 50% de los afectados
por malaria no responden a los tratamientos. El parásito ha mutado
y se ha hecho resistente a los fármacos.
El rebrote de la malaria
El paludismo aumenta su resistencia a los fármacos sin que existan
terapias alternativas
MIQUEL NOGUER | BARCELONA
Sin vacunas a la vista
Un grupo de niños juegan junto a una charca en un poblado de
las afueras de Maputo (Mozambique) (M.N.)
Olvidada por el mundo rico y azote del 40% de la humanidad, el siglo
XXI parece no haber llegado para la malaria. La enfermedad, transmitida
por el mosquito anofeles, continúa sin una vacuna eficaz y, desde
hace unos años, suma otro problema: los tratamientos a base de
cloroquina que se han estado utilizando las últimas tres décadas
están dejando de ser efectivos. El parásito que causa la
malaria ha desarrollado una mutación que parece imparable y que
provoca grandes resistencias a los tratamientos. La cloroquina, que siempre
había funcionado, ya resulta ineficaz para el 54% de los enfermos
de África.
Este fármaco se utilizó por primera vez en los años
cuarenta, poco después de la Segunda Guerra Mundial, y resultó
ser efectiva para curar todas las formas de la malaria. Tenía pocos
efectos secundarios cuando se tomaba a la dosis indicada y además
era de bajo coste. A mediados de los años ochenta se comenzaron
a observar los primeros casos de resistencia severa a la cloroquina, un
problema que no ha parado de agravarse hasta la actualidad. Ahora, la
mayoría de las cepas de Falciparum malaria se han vuelto resistentes
a la cloroquina.
Xavier Gómez, investigador del hospital Clínic de Barcelona,
vive este problema a diario en el centro de investigación de Salud
de Manhiça (Mozambique), dependiente del centro universitario barcelonés.
'Niños que antes resistían a la malaria ahora responden
peor al tratamiento, y esto probablemente esté aumentando la mortalidad',
afirma.
Coma irreversible
En los casos de malaria severa, el fallo del tratamiento puede llevar
a un coma irreversible si no se trata al paciente con quinina, algo que
sólo puede hacerse en hospitales. Cada día más de
200 niños llegan a este centro aquejados de fiebres y otras dolencias.
El 65% se van con un diagnóstico de malaria y una de cada cuatro
muertes que se registran en el hospital son a causa de esta enfermedad.
Cuando estos datos se extrapolan al resto de África y de los países
tropicales, el resultado es descorazonador. Cada año mueren en
el mundo casi dos millones de personas por causa directa de la malaria.
Otros 400 millones consiguen sobrevivir a sus efectos.
El problema de la resistencia de la malaria a la cloroquina ha abierto
una nueva polémica sobre la falta de medicamentos para combatir
esta vieja enfermedad. Muchos centros africanos están sustituyendo
la cloroquina por otros fármacos que suministra la Unicef. Uno
de ellos es la Sulfadoxina-Pirimetadina (SP). Pero está sirviendo
de poco. Malawi, uno de los países del África austral que
se decidió por esta vía, ya se plantea dar marcha atrás,
puesto que la malaria también se está resistiendo a este
segundo medicamento.
La falta de dinero para la investigación está en el fondo
del problema. La búsqueda de soluciones a la malaria, considerada
una enfermedad de pobres, no resulta rentable a las grandes empresas farmacéuticas.
Así pues, ¿qué se puede hacer? Según Xavier
Gómez, la lucha contra la malaria tiene que librarse con las terapias
combinadas por una parte y con medidas de prevención como las mosquiteras
impregnadas por otra. Un solo medicamento ya no basta y ahora hay que
encontrar cuál es la fórmula para luchar contra las formas
resistentes de malaria. La Organización Mundial de la Salud (OMS)
está estudiando la efectividad de dos tipos de combinados para
comenzarlos a aplicar. Una primera solución sería un combinado
entre artesunato y SP. Este medicamento debería tomarse en dos
dosis con tres días de diferencia. La segunda solución propuesta
es un combinado entre artesunato y amodiaquina. En principio, la OMS apuesta
por este medicamento, aunque muchos médicos lo rechazan porque
debe suministrarse durante tres días seguidos, algo muy complicado
en países faltos de las más mínimas infraestructuras
sanitarias.
Los efectos secundarios de los medicamentos que forman los combinados
es otro punto polémico. La amodiaquina, por ejemplo, es poco recomendable
para las mujeres embarazadas y debe ser suministrado bajo un estricto
control médico, lo que una vez más dificulta su aplicación.
El laboratorio del hospital Clínic en Mozambique comenzará
este mes una investigación para determinar cuál de los dos
combinados puede ser más efectivo. A la espera de los resultados,
los investigadores del Clínic consideran que la terapia más
factible es la del artesunato combinado con SP, ya que es de más
fácil administración y sólo se precisan dos visitas
al centro sanitario.
Los médicos, sin embargo, saben que la única forma de evitar
los devastadores efectos de la malaria es la prevención. A falta
de vacunas efectivas, muchos hospitales de África buscan en los
medicamentos disponibles una fórmula que les permita un uso preventivo.
Una de estas líneas de investigación la ha realizado el
Clínic en Tanzania con una muestra de 700 niños. Se trata
de un tratamiento denominado terapia intermitente, que consiste en aplicar
tres dosis de SP coincidiendo con el calendario de vacunaciones de los
bebés.
'En Mozambique y en casi toda África las madres ya están
concienciadas de la importancia de las vacunas y suelen traer los hijos
al hospital. Éste es el mejor momento para aplicarles la terapia',
explica Gómez. Y los primeros resultados no se han hecho esperar.
El año pasado, la incidencia de la malaria entre los niños
de menos de un año que habían recibido el tratamiento disminuyó
un 59%. Las hospitalizaciones de este grupo de bebés se redujeron
en un 30%.
Según Gómez, todavía no pueden sacarse conclusiones
contundentes, pero considera que la terapia es una buena herramienta para
prevenir la malaria mientras no aparezca la ansiada vacuna. Ahora falta
saber si, superado el primer año de vida, la terapia sigue siendo
efectiva. Estudios realizados en Tanzania hacen pensar que sí,
aunque faltan pruebas más contundentes. Demostrarlo será
uno de los objetivos de los próximo meses para el centro del Clínic.
Sin vacunas a la vista
Seseta años de investigación más o menos constante
no han permitido encontrar una vacuna contra la malaria. Los científicos
no hallan la fórmula de reproducir en grandes cantidades los microorganismos
atenuantes del parásito y tampoco logran erradicar el mosquito
que la trasmite.
A finales de los años ochenta, el científico Manuel Patarroyo
dio un paso importante al desarrollar la vacuna sintética Spf66.
Pero el globo se desinfló al comprobar que sólo tenía
efectividad del 31% y que ésta era casi nula entre la población
asiática. El polémico investigador desarrolla ahora una
nueva vacuna denominada Col-ma-vac, que tiene una mezcla molecular más
compleja que la anterior, por lo cual podría alcanzar un mejor
porcentaje de inmunidad. Sin embargo, los problemas económicos
que atraviesa su laboratorio hacen peligrar el proyecto.
El Ejército de Estados Unidos también ha desarrollado varios
proyectos para dar con la vacuna, uno de ellos en colaboración
con Patarroyo. De momento no ha habido resultados y sí varias polémicas
entre el investigador colombiano y el Ejército por la diferente
valoración de los resultados que hacen ambas partes.
Lo cierto es que el proyecto americano, presentado en 1997, no ha obtenido
buenos resultados y que el Ejército continúa investigando
la vacuna.
En otro orden de cosas, la empresa farmacéutica GSK Biologicals
asegura estar en poseción de una vacuna útil para la población
adulta. De momento se ha probado en Gambia y Kenia, donde ha funcionado
en un 70% de los casos durante tres meses. El centro de Investigación
de Salud de Manhiça lo probará en niños el próximo
año.
El PAIS, martes 18 de diciembre de 2001/Sociedad/29/Salud
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