
La obra pictórica Ronda inter-étnica de Leda Ayax (inspirada
en la Danza de Matisse) es una imagen exponencial del "arte positivo".
Un canto de esperanza a la no-violencia, la tolerancia, el pluriculturismo y
la fraternidad. "¡Entrelacemos nuestras manos!" claman los colores
y las formas de dicha composición. El enlazamiento de la manos responde
a la simbología de la abstracción de una emoción: el aunamiento
de nuestras almas en la danza de la vida. En la sociedad del siglo XX subyace
multitud de manifestaciones violentas entre las cuales se encuentra el racismo;
cáncer de la sociedad intolerante que tiende a la absurda deshumanización
y antihumanización del hombre. Crueles prejuicios, aduanas coloristas
triviales y superficiales nos sumen en voluntades de individualismo intransigente.
Una incultura humana que se niega la condición de tal. Uno de los grandes
tesoros vitales es la diversidad porque en ella está el enriquecimiento.
Porque danzar en el mundo con un paso monocromático sería pintar
la vida de forma sombría e incompleta.
¡Qué la danza de nuestro caminar sea al son de una melodía
cuyas notas asonantes sean la tolerancia, la fraternidad, la reciprocidad, es
decir, los derechos humanos universales! Yo tengo el corazón de color
negro, blanco, rojo, amarillo, azul... ¡¿y tú?!...
¡Dame tu mano y danzaremos en la armonía de un arco iris!: el sentimiento
de ser hombre. ¡El espíritu del Nuevo Humanismo!
Beatriz Martín Vázquez
Artista por un Mundo sin Guerras, 1998
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